Debía tener seis o siete años, calculo, la primera vez que la vi, y desde sus primeros fotogramas me quedé fascinado. Años después volví a verla; ya no era lo mismo. Había envejecido bastante mal, y los combates a espada entre caballeros enfundados en brillantes (y anacrónicas) armaduras habían perdido mucho de su atractivo.

Hablo de Excalibur, la película de John Boorman de 1981. Creo que ese fue el comienzo de mi fascinación por las armas blancas, y cómo no, en especial por la espada. Muchos han sentido la misma fascinación por ella, y no es de extrañar: prácticamente todas las culturas guerreras la han tenido como arma señera en su panoplia, e incluso las que no alcanzaron a dominar la forja del acero (porque no es tarea baladí convertir un lingote de hierro en una espada bien equilibrada, con un filo duro y tenaz a un tiempo), incluso esas culturas, decía, han tenido armas semejantes, como por ejemplo las macanasi (híbrido de espada y maza) en el caso de las culturas precolombinas.

La espada, además de arma, ha sido siempre un símbolo, envuelto en un halo de poder y misticismo innegable. Con ella se distinguieron las castas guerreras a lo largo de la Historia; omnipresente en la mitología y la literatura popular, casi todos conocemos los nombres de espadas míticas como Durandarte, la Tizona y la Colada, Gram, Tyrfing o, sin ir más lejos, quizá la más famosa de todas, Excalibur.

En cualquier caso, toda fascinación lleva, inevitablemente, al mito; y el mito es capaz de mezclar verdad y falsedad de la forma más insidiosa. La industria del cine, que se ha nutrido de tales mitos, es en buena parte responsable de divulgar las falsedades alrededor del uso de la espada, aunque la literatura fantástica ha contribuido no poco también a difundirlas.

Paradójicamente, fue mi interés por la literatura fantástica lo que me hizo intentar saber más acerca de cómo se luchaba “de verdad” con espadas, empeño harto difícil, porque la bibliografía disponible sobre el tema no es ni precisa ni abundante; sí que hay muchos ensayos sobre yacimientos arqueológicos en los que se hablan de armas y armaduras, y textos históricos sobre las batallas de todos los periodos y las armas que se emplearon en ellas, pero información sobre cómo se luchaba con tales armas y los principios que regían su manejo, prácticamente ninguna y, además, sin que haya sido contrastada mediante la práctica.

Imaginad mi alegría cuando, a finales del pasado siglo, el interés por las artes marcialesii occidentales ya era una realidad palpable. Internet contribuyó sobremanera a difundir el fenómeno y a canalizarlo.

Fue en 2003 cuando tuve la primera noticia de la existencia de la AEEA, la Asociación Española de Esgrima Antigua, aunque no fue hasta 2007 cuando me decidí a conocer de primera mano qué tenían que ofrecerme. Poco a poco fui tomando contacto con dicho arte marcial, y tuve la grata experiencia de conocer, de primera mano, lo que se siente al blandir una espada; o, al menos, la mejor aproximación que puede hacerse hoy en día sin arriesgar el pellejo en el proceso.

¿Qué es lo que he aprendido desde entonces?

Que la práctica totalidad de mis concepciones sobre el tema eran erróneas. Fue, por cierto, una sensación extraña; por un lado, al disolverse mitos, falacias y exageraciones, sentí cierto grado de decepción. Por otro, la complejidad y riqueza de la esgrima con espada me maravilló: de una concepción tosca, brutal, de los combates, pasé a vislumbrar un Arte sutil, racional, pero ni un ápice menos mortífero.

Este modesto artículo en dos entregas es mi pequeña aportación para desmentir los falsos mitos sobre el combate con espadas. Insisto: no me considero un experto, antes al contrario: sigo fascinado con la esgrima con armas occidentales por lo que desconozco, no por lo que creo saber.

A la hora de elegir de qué mitos hablar me encontré que había muchos. Demasiados. Así que elegí, literalmente, los que me daban más rabia. Por supuesto, son todos los que están, pero no están todos los que son.

Comenzamos:

Mito n.º 1: El peso de las espadas

Todo el mundo sabe que los vikingos tenían cuernos en los cascos y que las espadas medievales pesaban un huevo y la yema del otro. Diez kilos. O más. Eso es así. De hecho, aún nos acordamos de ese viaje a Toledo, en el que cogimos una espada de esas que vendían en los tenderetes cercanos al casco antiguo. O si no hemos estado en Toledo, un amigo nos prestó la espada que tiene colgada en la pared de su salón. Y joder, cómo pesaba. Así de fuertes debían los gachós; y es normal que las luchas entre guerreros fueran tan lentas y toscas. Con esas armas, normal. ¿Verdad?

No. No. Y no.

vikingo

Casco vikingo

Las armas medievales no pesaban tanto como cree la mayoría de la gente, sino que eran sorprendentemente ligeras y manejables. (Y de paso: los vikingos no tenían cuernos en los cascos. ¿Vale?)

Una espada medieval de una mano rara vez pesaba más de 1500 gramos, y lo normal es que tuviera un peso entre 900 y 1200 gramos. Poco más de un kilo. Una longsword, o espada de dos manos, podía pesar entre 1200 y 1800 gramos, según longitudes. Y tales armas no podían pesar más por una cuestión de simple geometría. Para que una espada pese 4 o 5 kilos ha de ser un tocho de hierro, tal cual.

talhoffer

Réplica de espada de dos manos del s. XV, por Albion Armorers: 1500 gramos de nada

Ojo: las llamadas “espadas de parada” son harina de otro costal. Con “de parada” me refiero a armas, armaduras y pertrechos empleados para exhibiciones: desfiles y otros alardes militares. En esos casos, los pesos subían considerablemente, llegando a los tres y cuatro kilos… pero nadie llevaba esas espadas a la guerra. Lo cual enlaza directamente con el siguiente mito…

Mito n.º 2: Las espadas de fantasía

Las armas “de parada”, como comenté más arriba, no eran armas para el combate, sino de exhibición. Tenían nielados, incrustaciones de oro, plata y gemas preciosas y toda clase de adornos. En muchos casos se ofrecían como regalos a nobles y reyes, y naturalmente, no se usaban para combatir. Por otra parte, ¿creéis que un guerrero, cuyas herramientas eran sus armas (defensivas y ofensivas), tendría armas ornamentadas con hilos de oro y demás filigranas? Rotundamente no. El equivalente sería ver a un albañil con un cincel engastado de piedras Swarovski: un sin sentido.

wallhanger_1Sin embargo, herederas directas de estas armas de parada, las espadas catalogadas como “de fantasía” parecen ser la norma y no la excepción. Buscad, si no, en Google Imágenes la palabra “sword”, o “espada”, y echad un ojo a los resultados. En los ojos de sus potenciales compradores deben de parecer bellas; a los ojos de alguien mínimamente versado, son el súmmun del horror. Estas armas son pesadas, están mal diseñadas, peor construidas y resultan imposibles de todo punto de manejar. Irónicamente, se hacen para perpetuar muchos de los mitos asociados a las espadas.

Por cierto, los aficionados gringos al coleccionismo de armas llaman a estas espadas wall hanger, que podríamos traducir como “espadas perchero”. Estas espadas, por otra parte, suelen tener espigas cortas o inexistentes (la espiga es la parte de la hoja donde se asegura la guarnición), con lo que el riesgo de que se rompan al recibir un golpe es muy alto. Si tenéis una de estas espadas en casa, ni se os ocurra poneros a blandirla a lo loco: una hoja de espada volando por los aires puede herir de gravedad al que pille.

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Sí, es la espada de la película de Conan (la de 1982), de FilmSwords.com: un buen ejemplo de una espada mal diseñada: pesada (más de 3 kg), de hoja corta para ser blandida a dos manos (no llega a los 73 cm) y con una empuñadura muy larga para manejarla con una; los arriaces son cortos y la bigotera (la parte sin filo con la que comienza la hoja) carece de sentido

Cómics, videojuegos y cubiertas de libros de fantasía aportan su grano de arena a extender esta visión de las espadas como normal. Comparad una de estas espadas de fantasía con una réplica de una espada histórica, y rápidamente llegaréis a la conclusión de que las primeras son una deformación absurda de la realidad.

Mito n.º 3: Las armaduras

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Armadura gótica temprana

En el imaginario popular, el caballero medieval, enfundado en su brillante y pesada armadura, apenas si puede moverse. No puede levantarse tras ser derribado, sin ir más lejos, así que, si cae del caballo, está a merced de sus enemigos.

Nada más lejos de la realidad.

La armadura de placas completa o “arnés blanco”, cuya imagen está firmemente impresa en nuestro imaginario era, en verdad, pesada. Podemos hablar de al menos 30 o 40 kilos de metal. Un peso considerable, sin duda. Pero ¿cómo era que no restringía apenas la movilidad del portador?

Muy fácil: mediante un reparto equitativo del peso y un excelente diseño afinado por los maestros armeros durante un largo proceso de ensayo y error; digamos que una armadura de las llamadas “góticas” viene a ser una maravilla de la ingeniería de su época. Así que no restringían la movilidad del portador durante el combate, ni impedían subirse a un caballo o realizar las actividades más usuales.

Naturalmente, no todo eran ventajas. Nadar con ellas conllevaba algún que otro problema… o, ejem, aliviar la vejiga o el vientre. Por no hablar del calor que daban; de ahí que en países cálidos las armaduras de metal sean mucho menos frecuentes, y se restrinjan a las protecciones más básicas, yelmo y peto. Una solución parcial para el calor era llevar tabardos o sobrevestes encima de la armadura, con el objeto de que el metal se calentara menos al recibir el sol.

El siguiente mito asociado a las armaduras menoscaba su efectividad y verdadero propósito: mantener con vida a su portador. Las armaduras eran muy efectivas (y muy caras). Todo guerrero adquiría la mejor armadura que podía permitirse; en ello le iba la vida. La mejor opción era el ya mentado arnés blanco (que no es medieval, por cierto, ya que es propio del s. XV en adelante), el cual era prácticamente impenetrable a los cortes y estocadas, salvo en sus puntos débiles, y aún así, la cota de malla bajo ella y el acolchamiento de un buen gambesón podían quitarnos la mayor parte del peligro.

Lo cual nos lleva a una paradoja: todos tenemos en mente luchas de caballeros embutidos en flamantes armaduras en la que esgrimen espadas; pero estas espadas no pueden hacer mucha mella en ellas, así que, ¿qué sentido tenía usarlas en tales combates?

gladiatoria

Lámina del manual de esgrima aleman del s. XV "Gladiatoria", que ilustra el agarre de media espada

Ninguno. Por lo menos tal y como se esgrimían en un duelo a espada. Para luchar contra armaduras, la esgrima con espada usaba técnicas conocidas como “de media espada”, en la que la espada se ase con la mano derecha de la forma habitual, pero la izquierda se sitúa sobre la mitad de la hoja o el principio de su tercio débiliii. De esta forma la espada se convierte en una curiosa combinación de espada y lanza con la que buscar los huecos de la armadura del adversario para asestarles el mejor ataque posible: una estocada potente con un arma de punta recia. La esgrima de media espada permitía, además, de acciones de combate cerrado de las que salen luxaciones, derribos y presas, con la espada como palanca y el peso de tu cuerpo (y el de la armadura) como contrapeso.

Resumiendo: un guerrero armado con un arnés blanco era algo de temer. Pero, ay, la cosa cambió tras la llegada de la pólvora y el perfeccionamiento de las armas de fuego. Aunque esa es otra historia.

(Añadido el 15/06/2011:)

Y para darle la puntilla a este mito con imágenes, van dos excelentes vídeos que demuestran la movilidad con armaduras:

Mito n.º 4: Los giros de 360º

Este es muy frecuente en las películas de acción en las que salen combates con armas blancas. ¿Sabéis a qué me refiero? ¿No? A ver: me refiero a cuando el actor, antes de asestar un espadazo, gira sobre sí mismo para imprimir un gracioso giro de 360º, alehop, al movimiento. En el proceso (lento, predecible, arriesgado) le ofrece, durante un tiempo nada desdeñable, la espalda al enemigo.

Suficiente para que te atraviesen de parte a parte, creedme. Bajo ningún concepto un combatiente daría la espalda a un enemigo. Lo primero que aprende cualquiera con un mínimo de experiencia en combate es a que el oponente no le  ”gane grados al perfil”, en terminología de la Verdadera Destrezaiv: en cristiano, los oponentes procurarán que los ejes longitudinales de sus cuerpos estén siempre enfrentados. Cualquier ángulo distinto de cero a favor de uno de los contendientes ofrece una ventaja tal que nadie, en su sano juicio, se arriesgaría a hacer una maniobra similar; por no hablar que dejar de ver a tu oponente, aunque sea durante una fracción de segundo, es un riesgo absurdo que nadie querría correr. En su sano juicio, al menos.

Mito n.º 5: Las armas a la espalda

Las espadas se llevaban a la cintura. En un tahalí que colgaba del hombro, o al cinto, mediante un talabarte. Pero a la cintura; no a la espalda.

¿Por qué no? Porque desenvainar un arma (de cierta longitud) sujeta a la espalda es lento y difícil. Haced la prueba si no me creéis (yo la hice en su día).

doppelsoldner

Lansquenete alemán con montante (Zweihänder) a la espalda

¿Y las armas grandes? ¿Como, por ejemplo, los claymore escoceses? ¿O los zweihänder alemanes? Pues al hombro, sin vaina, por lo incómodo de portar una espada tan larga envainada. He leído menciones sobre soportes con ganchos que usaban los escoceses para llevar sus claymore a la espalda, y es probable que se usaran, pero en cualquier caso es la excepción que confirma la regla y, además, los escoceses llevaban sus espadas de mano al cinto, como Dios manda.

En realidad, todo esto de las armas a la espalda viene de la imaginería de los ninja, que el cine ha retratado una y otra vez con sus ninjatos a la espalda. Lástima que todo sea falso. Los ninja vestidos de negro como superasesinos pertenecen más a la leyenda que a la realidad histórica; y, sin ir más lejos, los ninjatos (esas katanas de filo recto usadas por los ninjas, supuestamente) son un bulo. Jamás existieron.

Así que, sencillamente, en la enorme mayoría de ocasiones una espada se llevaba (ceñía) al cinto. Ya sea mediante un tahalí colgado del hombro o un talabarte; pero al cinto. Naturalmente, en las películas, cómics, novelas o videojuegos, los protagonistas seguirán llevando las espadas a la espalda, a lo ninja molón: pero los que hayáis leído este artículo sabréis que es una filfa.

(Sigue en De espadas y falacias (ii))

Notas:
  1. Entre las macanas destacan las usadas por los guerreros mexicas, llamadas macuahuitl en su lengua, las cuales disponían de afilados fragmentos de obsidiana a lo largo de la “hoja”. []
  2. Por si las moscas: arte marcial es todo lo que esté relacionado con la guerra y las armas, y no exclusivamente las disciplinas venidas de Oriente. []
  3. La hoja de una espada se divide en partes. Algunas fuentes consideran solo dos: el fuerte y el débil, o la fortaleza y la flaqueza; pero la división habitual es tres, conocidos como tercios. El primero, llamado tercio débil o flaco —que es, por cierto, con el que se considera que la espada hiere— se sitúa entre la punta de la espada y la tercera parte de su longitud; tras él está el tercio medio y el tercio fuerte o de fuerza, que termina en la guarnición de la espada. ¿A qué se deben estos nombres? Cuando dos espadas se encuentran, o en términos de esgrima, se agregan, lo que tenemos en un sistema de fuerzas regido por la vieja ley de la palanca: cuando la agregación se produce en nuestro tercio débil es cuando menos control podemos ejercer sobre la espada del contrario; y cuando se produce en nuestro tercio fuerte, cuando más. []
  4. Con Verdadera Destreza (esta última palabra, por cierto, era sinónimo de esgrima en el español antiguo), me refiero al sistema tradicional de esgrima española ideado en el s. XVI por don Jerónimo Sánchez de Carranza y desarrollado por Luis Pacheco de Narváez. Este sistema, que aúna Matemáticas, Filosofía y Geometría en sus conceptos, elevó la esgrima al carácter de ciencia, e hizo de los esgrimistas españoles unos temibles adversarios. []

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70 Responses to De espadas y falacias (i)

  1. Sergio dice:

    A falta de leer al segunda parte del artículo. Me está gustando mucho, de lo mejor que he leído últimamente.

    No estoy de acuerdo con el tema de los giros. Como bien han dicho en otro comentario, sí tienen sentido.

    No solo se trata de dar potencia al golpe sino de desconcertar y buscar el lado menos esperado para asestar el golpe.

    Muchas artes marciales incluyen puños con giro y patadas con giro en sus técnicas. E incluso amagos en giro y paradas en giro. Entre ellas el taekwondo.

    Y creo que el mismo principio se puede aplicar a las artes marciales con armas.

    Sin ir más lejos la espada corta coreana, que es algo que he visto más de cerca comparte movimientos con el taekwondo, así que golpes en giro también tiene.

    El típico comentario de los giros inútiles me recuerda a practicantes de otros deportes de contacto como vale tudo, Wing Tsun, etc. que en pos de la supuesta efectividad reducen su arsenal técnico.

    Los giros son tan válidos como otros movimientos si los incluyes en tu entrenamiento.

    Sin ir más lejos, a mi me es más fácil la mayoría de las veces entrar una patada precedida de un giro por que se vuelve algo inesperado para el contrario. Y si la haces en el momento preciso no te expones al contraataque más que con cualquier otro ataque.

  2. Jose dice:

    Bueno, cada arte tiene sus técnicas. Ya nos decía Bruce que había que tener “Estilo sin estilo”, pero aquí estamos hablando de historia. Se usaban armaduras, se usaban espadas, no se usaban giros… por algo sería.

    También hay que tener en cuenta que, cuando hablamos de giros, la mayoría de las veces no son realmente eso, sino ataques de espalda. Un tuit chagui o un momdollyo furyo chagui de Taekwondo (patada de espalda y patada de espalda enganchando) son golpes que das después de girar menos de 180º (aunque luego sigas girando para volver a tu posición original) y que son realmente potentes debido a los músculos que se implican en su ejecución.

    Sin embargo con una espada la cosa cambia; por mucho que quiera no me imagino con un “Zweihander” atacando a mi enemigo de espaldas, así que un ataque con giro siempre sería muy similar y predecible: finalizaría después de los 360º. Sin armas, si ves a alguien girar es imposible de predecir (por mi experiencia incluso más que los ataques frontales) ya que puede realizar praticamente los mismos ataques pero golpear en los 180 o en los 360º. Además, girar sin nada en la mano ni en el cuerpo (armadura) es prácticamente instantáneo si se tiene experiencia, para hacerlo con estos objetos se debería de necesitar mucha más maestría.

    Pongo algunos links para que se entiendan las patadas a las que me he referido antes.
    ·Patada de espaldas:
    http://www.youtube.com/watch?v=sSQnhk37G2U
    ·Patada de espaldas enganchando:
    http://www.youtube.com/watch?v=VbUGcGGMffo
    ·Patada semicircular con giro de 360º:
    http://www.youtube.com/watch?v=RIFcyLgETeo&feature=related

    ¡Un saludo! ^^

  3. Maokoto dice:

    Buenísimo el video del tío haciendo cabriolas con la armadura puesta.

  4. José María Bravo dice:

    @Maokoto: Lástima que no encuentre un vídeo de las demostraciones que ha hecho la AEEA en El Escorial, he visto algunas muy buenas de “enlatados” :) .

  5. [...] de paso, del éxito de los mis dos artículos anteriores, De espadas y falacias, primera y segunda parte, que han superado entre ambos las 20.000 visitas únicas. [↩]La palma se la [...]

  6. TOmas dice:

    Un artículo muy interesante que llevaba días pendiente de leer.

    Tras leer los comentarios me pregunto: No es posible que los ninjas y todo lo relacionado con su mundillo no esté registrado en demasiados documentos. La sociedad asiática es bastante cerrada y muy devota. Podría ser que no se encuentren documentos acreditativos del método de lucha o la manera de llevar la espada porque es una información celosamente guardada o porque se transmite del boca-oído. Es una teoría.

    Por otro lado, las armaduras de las demostraciones tienen el mismo peso que las que se usaban antaño?¿

    Y la tercera cosa es que, no olvidemos que la ficción se llama así por algo. Menuda gracia tendrían las novelas o películas en las que se retratase todo tal cual era en la época. Mira Alatriste que recibió criticas por el estilo de lucha tan “real” que presentaba. Al ser humano le gusta la espectacularidad. Le gusta ver a un bárbaro con taparrabos y casco con cuernos gruñir mientras blande una espada de 2 metros de largo y medio metro de ancho adornada con runas de protección. Y si a eso le añades que salta desde un tejado haciendo un 360º, pues Brutal!!

    No menosprecio la información aportada, pero criticas tanto la manera irreal de representar las cosas, olvidándote que se trata de entretenimiento, evasión de lo real y cotidiano.

    Una última pregunta: Crees que la lucha con espadas soldadas a cadenas podría funcionar, estilo el juego God of War¿? (no es una pregunta burla, de verdad siento curiosidad)

    Saludos desde La Guarida

  7. José María Bravo dice:

    El tema de los ninjas y su documentación es muy curioso. La postura de muchos se enroca precisamente en argumentos similares: como no hay documentación, es plausible que el ninja chachi existiera.
    No se puede probar la inexistencia de algo. Es el devoto de la imagen estereotipada de los ninja el que debe probar que existieron los ninjato, las kunoichi y demás otras ideas fantasiosas sobre el ninjitsu.
    Las armaduras de las demostraciones son en su mayor parte réplicas forjadas siguiendo el patrón de contrapartidas históricas.
    Comprendo tu postura sobre la ficción y su espectacularidad. Yo defiendo una postura que tiene dos pilares: una, para distorsionar la realidad con acierto es mejor conocer la verdad primero, y dos, se puede llegar a un compromiso entre realidad y ficción muy satisfactorio.
    En cuanto a tu última pregunta, no, no creo que funcionara. Los golpes asestados no harían cortes muy importantes, y sería muy difícil de controlar. Las armas de cadena que conocemos son contundentes por eso mismo (como el mangual).
    Hay un arma hindú, el urumi, que guarda cierto parecido a lo que mencionas, guardando las distancias. Es una especie de espada-látigo, constituida por tiras flexibles de acero:
    sobre el urumi, en inglés.

  8. TOmas dice:

    Me parece haber visto el tal Urumi en algún programa. Muy interesante y difícil de manejar supongo. Gracias por contestar a la pregunta.

    Es cierto que se puede hacer ficción manteniendo unas pautas reales, pero también gusta el ver exageraciones. Sino el manga/anime no tendría la gran aceptación que existe ahora mismo. Las espadas que portan que doblan en largo y ancho por varios metros son imposibles, pero al lector/espectador le encantan.

    A ver cuando me leo la segunda parte del artículo.

    Saludos desde La Guarida

  9. José María Bravo dice:

    @Tomas: No sé nada de cómo se maneja… y tengo curiosidad. Aunque he visto documentales sobre las artes marciales hindúes y… no sé, me han dado una impresión de que había mucho ruido y pocas nueces.
    Si encuentras información, ya sabes, compártela ;) .
    Un saludo.

  10. Helrek dice:

    Buen artículo, pero en lo único que te equivocas es en que los ninja no existieron.
    Una cosa es que no fueran como los retratan en las películas, casi siempre americanas, y los americanos no es que sean expertos en culturas orientales.
    Pero otra cosa muy distinta es que no existieran en absoluto. Lo hicieron, siguen existiendo.
    Lo que es cierto es que no vestían de negro, vestían del color de la noche, o sea, azul oscuro, y las ninjatos no eran más que katanas partidas. Y tú puedes preguntar ¿y por qué llevar una katana partida? Una katana costaba una fortuna, y sólo los samurais tenían derecho a llevarla.
    Por eso, los ninja, que no eran más que humildes campesinos, no podían permitirse katanas, pero si en una lucha contra un samurai conseguían vencerle, podían llevarse su katana. Aun así, no podían exhibirla por la calle, porque estaba penado con la muerte. Nadie que no fuera un noble samurai podía llevar una katana por ley o ninguna otra arma. Por ello, ¿que hacían los ninja? Ocultar sus armas entre la ropa ¿como ocultar una katana? partiendola. Lo del color azul de sus ropas también tiene una explicación. El negro de la ropa es más negro que el negro de la noche, que es azulada más bien. Si buscas ocultarte en un medio natural, debes ir de un color natural, que te confunda con el medio.
    Por otro lado, los ninja debían permanecer ocultos porque si se revelaban como ninjas, eran ajusticiados por la ley. Por eso se rodearon de mitos y leyendas, y se disfrazaban para no ser descubiertos, de ahí que prefieran hacer creer que no existieron, o que no eran humanos.
    Saludos

  11. José María Bravo dice:

    @Helrek: Gracias. En cuanto a lo que dices de los ninja, no puedo probar un negativo, así que prefiero zanjar el tema. Eso sí, perdona pero lo de que los ninjas partían las katanas no tiene sentido. Las katanas se partían durante su uso, con más frecuencia de lo deseado (como ocurre con la práctica totalidad de las armas: y menos mal, porque si no los armeros se morirían de hambre). Y no hay que buscarle explicaciones peregrinas al tema…
    Pero lo dicho, el que se quiera creer los ninja vestidos de negro (o de azul oscuro) acechando en la noche, que lo haga. No es algo que me quite el sueño.

  12. TOmas dice:

    Lo que comenta Helrek con respecto a que los ninjas partían katanas (en el caso de ser cierto) no me cabe en la cabeza. Los japoneses veneraban su armadura y sus armas. Supongo que el samurai más que nadie, pero debía ser algo extrapolable a todo el mundo.

    Saludos desde La Guarida

  13. Rafael dice:

    El Ninjutsu, los Shinobis o los Ninjato está tan mitificado que el verdadero significado, su verdadera historia y tradición es bien distinta al que la mayoría de la gente conoce. Hay que tener en mente que una cosa son los acontecimientos reales y otra bien distinta son los mitos y exageraciones que han llegado hasta nuestros días.

    Si te refieres a la figura mitológica que se ha difundo sobre los Ninja tienes toda la razón, ya que nunca fue algo tan fantástico. Pero si que existió un grupo de gente con una filosofía particular, con unas creencias paralelas (contrario en muchos aspectos) al movimiento Samurai.

    El Ninjato es un arma de la que se ha hablado demasiado, para la importancia que tiene. Se usaba solo en contadas ocasiones, cuando un Ninja se encontraba con un katana rota o estropeada, “la arreglaba” usándola como Ninjato, en caso de que no tuviera una katana de verdad y la desechaba al usarla una o dos veces. Es evidente que nadie en su sano juicio partiría una estando en perfectos condiciones. ¡Con lo que costaba una katana!

    Durante toda su Historia trabajaron mucho en alimentar leyendas y mitos, pero que solo son eso. Mitos. Son comunes los mitos de que un ninja podía parar una katana con las palmas de la mano desnudas, que podían caminar por encima de las aguas (desmitificados por Cazadores de Mitos), o como que podían desaparecer. Podían desaparecer cegándote con harina en polvo (u otro material) y salir corriendo.

    Normalmente un ninja usaría cualquier arma que tuviera al alcance, incluso armas que un Samurai consideraría indignas. Por ejemplo, los shukos que eran unas garras útiles para escalar en el Japón medieval, en el que las casas eran de madera, las empleaban como arma escondida. Si llevas manga larga pueden permanecer ocultas, hasta que es demasiado tarde. De las terribles heridas que infringirían bien pudo afirmar alguien que era un monstruo o un demonio con forma de hombre, porque tenía garras…

    Tened en cuenta que en el Japón medieval solo los Samurais tenían derecho a llevar espada y a usarla. Si sigues las normas en inferioridad de condiciones estás jodido, por eso cobra sentido que difundieran ser seres demoníacos que hacían magia (hay leyendas que dicen que obtuvieron sus poderes de los Tengu, unos demonios de la mitología japonesa). ¿Algo tendrían que hacer para sobrevivir, no creéis?

    De hecho, el Ninjutsu es el arte de la supervivencia, por mucho que haya trascendido como arte del asesinato, pero son eso, cosas de los mitos.

    Por cierto, eso de que no hay datos históricos es falso. Hubieron guerras contra regiones con tradición shinobi, como Iga y Ueno, promovidas por el Shogun Oda Nobunaga entre los 1485 y 1581. Además de que se mencionan mucho en la tradición popular y cuando el río suena…

    A excepción de lo que has comentado sobre los Ninja. Todo el artículo me ha parecido espectacular. Gracias por compartirlo.

  14. Rafael dice:

    Una cosa más.

    En Historia hay varios criterios para definir si algún culto o lugar ha existido:

    A. Documentación.
    B. Vacío documental donde concurran varios indicios:
    I. Tradición histórica o popular fuertemente arraigada.
    II. Localización en zonas de histórica influencia.
    III. Indicios arquitectónicos o iconográficos.
    IV. Otros indicios: reliquias, topónimos y leyendas.

    Como mínimo estarás conmigo en que el punto I y IV están sobradamente aceptados.

    Por otra parte, hay que tener en cuenta un hecho. Científicamente es muy fácil demostrar que algo ha existido, basta con aportar pruebas, pero muy difícil demostrar que no lo haya hecho, ya que el mero hecho de que no haya pruebas no demuestra que aquello no existiese. Por ejemplo, el registro fósil. Es tan rematadamente difícil que se cree (y conserve) un fósil que es una suerte que hoy en día contemos con fósiles para describir que animales habitaban la tierra hace millones de años.

  15. Helrek dice:

    Tomas,
    cierto, veneraban sus armas… los que las tenían, o sea, los samurais. Quiza me expliqué mal, intentando acortar palabras para no extenderme. Lo que quise decir con que partían katanas, es más bien lo que explica JoseMaria, se partían en los combates (no todas eran buenas, habían samurais pobres :D ). Los ninja sólo lo aprovechaban y se llevaban las armas de los que vencían, aunque estuvieran partidas, para darles alguna utilidad. Tampoco es que fuera lo habitual en ellos, pero hacerlo, lo hacían. Hablamos de una época en que la gente campesina no tenía ni para cuchillos, así que una katana aunque estuviera partida, tenía utilidad.

    JoseMaria, a ti te diría que si no puedes probar que algo no existió, simplemente no lo afirmes con tal rotundidad, como si hubieras vivido siglos en japón y lo supieras todo de ellos. Di que no lo crees por los motivos que sean, pero si no lo puedes probar irrevocablemente, no lo puedes negar ni afirmar sin más. El tema de llevar algo a la espalda, era a la hora de escalar. Por movilidad.
    Mas saludos.

  16. José María Bravo dice:

    @Rafael: No dudo que existieran los ninja, en realidad, porque si el vocablo existe, es porque se le tuvo que aplicar a alguien en algún momento. Pero lo que defiendo es que la mayor parte de lo que se conoce de ellos es pura invención. Mi teoría personal es que “ninja” era un término para referirse a agentes empleados en situaciones poco ortodoxas, desde asesinatos a espionaje; y de seguro sería un término despectivo. Asesinos y espías han sido muy frecuentes en todas las culturas occidentales (Felipe II, se decía, tuvo el mejor servicio de espionaje de su época); lo que pasa es que hemos vestido todo lo oriental con un halo de misticismo que raya lo absurdo.
    Un breve comentario más:

    Además de que se mencionan mucho en la tradición popular y cuando el río suena…

    Hombre… pero si nos ponemos en ese plan, las brujas existieron y en verdad tenían poderes. Hay documentación que lo confirma, incluso.

  17. José María Bravo dice:

    @Helrek: No entiendes mi postura, que es muy simple: sobre los mitos lo que hay que probar es su existencia. No se prueban los negativos, es de cajón. ¿Puedes tú probar que no existieron los hombres lobo, por ejemplo? ¿O el hombre del saco?

  18. [...] y mitos ya desmontados a lo largo de estos artículos y sus predecesores, De espadas y falacias (i y ii). Tenemos las clásicas cuchilladas al arma, cómo no, y de propina, un par de giros de 360º [...]

  19. [...] que fue conveniente el uso de la estocada, que como ya anotamos en el mito n.º 3 del artículo De espadas y falacias (i), es el mejor ataque para atravesar los puntos débiles de una armadura de placas, o arnés [...]

  20. [...] mitos asociados a las espadas a dos manos y las armaduras comentados en De espadas y falacias (i y ii), además del n.º 7, Trabar las armas y mirarse con cara de cagar duro, que no podía [...]

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